Soneto 300. PROTEGIDO
¿En qué cuerpo sosegado y divino
¿En qué cuerpo sosegado y divino
crecen las mieses de un alma desnudo?.
¿Por cuánto tiempo dúctil y anodino
duermen las nieves de un amor ojudo?.
¡Abracadabra!. ¡Magia que al fin vino
cabalgando en nitidez de un saludo!.
Pasa la palabra con desatino
en paradigmas de anchos de embudo.
Desde siempre fuiste mi protegido
a pesar de hacer siempre imprevisible
cada cordón de zapato que anudo.
Te estoy profundamente agradecido
porque eres, más que un amor imposible,
la incertidumbre que me deja mudo.
José Mateo Angulo García
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